Mostrando entradas con la etiqueta Lectores que también escriben. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lectores que también escriben. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de junio de 2017

Superheroína de carne y hueso

Mi nombre es Clara y hace unos meses yo era una huérfana más hasta que me adoptó María. Mis primeros doce años de vida los pasé en el orfanato, un lugar muy querido ya que aparte de pasar allí algunos de los momentos más felices de mi vida, también residen en este lugar la mayoría de mis amigos; por ejemplo los mellizos Pum y Pam, apodados así por su torpeza al caminar o el perro «Babas» que se te acercaba siempre pringándote de babas hasta las cejas. ¡Ah!, que no se me olvide el gran José Jamón (no es broma, es su auténtico apellido) que tenía que soportar nuestros jueguecitos jamónjamónjamónjamónja, que llevaba con paciencia porque es muy buena persona.

Un día al salir de la escuela se me ocurrió pasar por el orfanato para ver qué tal iban todo; sin embargo, al llegar me di cuenta de que algo no funcionaba. Entré y mis amigos me contaron que no el centro no tenía dinero suficiente para pagar sus deudas por lo que tendría que cerrar.

Durante los días siguientes pensé en una solución, pero no se me ocurría nada y cada vez me iba angustiando más. Al parecer María lo notó, no sé si porque me había vuelto más taciturna o se había dado cuenta de que ya no dormía bien. Lo que sí sé es que un sábado me llamó, me pidió que le contara lo que me pasaba y me preguntó si necesitaba ayuda. La verdad es que hasta ese momento no se me había ocurrido comentarle porque supuse que se enfadaría mucho conmigo. Pero como ya no tenía más opción, me dispuse a decírselo.

No sé por qué pero cuando terminé, sentí que me había quitado un peso de encima aunque aún estaba preocupada porque María se había quedado en silencio largo rato y eso me inquietaba bastante. Después de un rato, María dijo:

—Me alegro de que al final me hayas contado tu problema y creo que tengo una idea para solucionarlo, ¿qué te parece si organizamos un mercadillo entre todas las personas del barrio para recaudar fondos?

Me pareció una idea fantástica por lo que al sábado siguiente todos los vecinos comenzaron a traer cosas que ya no usaban como televisores antiguos, platos, una radio, juguetes, pero todavía no era suficiente. Entonces aparecieron Pam y Pum y nos preguntaron si no habíamos mirado en el desván del orfanato pues podía haber algo de valor allí olvidado. Subimos a probar suerte. No obstante, allí lo único que había eran papeles; millones y millones de papeles. Pensé que se trataría de facturas o de esas cosas que los mayores acumulan «por si acaso». María ya estaba a punto de darse por vencida cuando sus ojos se posaron en un baúl muy antiguo. Lo abrió, rebuscó un poco entre los papeles y soltó una exclamación ahogada. Le pregunté qué era con lo que se había topado y ella repuso:

—¡Clara, este es un manuscrito de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha y además firmado por Miguel de Cervantes!

Después de eso conseguimos suficiente dinero para pagar las deudas y para materiales nuevos e incluso ¡salimos en el periódico!

Desde entonces mi heroína favorita no es ninguna de esas chicas que aparecen en los cómics con superpoderes, desde entonces mi superheroína favorita es de carne y hueso…¡mi madre María!

Covadonga Iglesias García.  1º ESO D



sábado, 6 de mayo de 2017

Mensaje póstumo

Melvin Ness, famoso detective de este siglo, se enfrenta a uno de los casos más difíciles de su carrera. Un asesinato, tres sospechosos, un armario de la antigua Roma que esconde un secreto. Un gran enigma por resolver. A esto es a lo que se enfrenta Ness.

Todo comenzó cuando Melvin fue a visitar a uno de sus profesores universitarios: Melvin se encontró con la puerta de la casa abierta y el cadáver del profesor. A primera vista se podía ver que había muerto desangrado por una puñalada en el abdomen, pero a Melvin le intrigaba aún más otra cosa: un armario del que el profesor se encontraba muy orgulloso. El mueble era muy antiguo y según había confesado el propio profesor con dos valores: uno sentimental, pues era un regalo de su difunta esposa y el otro porque el mueble escondía un truco en su interior que, en palabras de su dueño, consistía en una especie de broma para el futuro propietario. No obstante, el profesor nunca había revelado el secreto.

Lo que más intrigaba a Melvin era que ese mueble constituía el único objeto de la habitación que había sido dañado con dos tipos de cortes hechos con un cuchillo y con la uña respectivamente. Había además otro problema: los cortes no encajaban, se mostraban como una especie de rompecabezas en el que hubiesen desordenado las piezas: todo un reto para Melvin.

Los sospechosos eran tres, todos vinculados a la universidad del profesor. Se llamaban Verdad, una alumna de último curso; Éufrates, alumna de primer curso, y Robin, un exalumno. Sin duda uno de ellos era el asesino. ¿Motivos para el homicidio? Robin y Éufrates tenían asuntos de dinero pendiente con el profesor. Sin embargo para Ness, Verdad era la auténtica sospechosa, aunque tal vez sospechosa no fuese la palabra exacta. Eso es, Verdad ocultaba algo, algo que desconocía, pero iba a descubrirlo.

Ahora tocaba investigar el armario. Ya había dado con el truco aunque no podía desvelarlo porque los policías dirían que estaba modificando la escena del crimen, e incluso podrían tomarlo como sospechoso.

Quedaba la opción del interrogatorio de los tres universitarios. Robin no parecía un muchacho interesante, al parecer decía haber ido a casa del profesor para devolverle un préstamo que este le había hecho. Y sí, era cierto, tenía el dinero en un sobre y una nota del profesor reclamándole el dinero. Verdad había ido a abonarle unas clases extras que le había impartido y también había recibido un mensaje. Por último Éufrates se había acercado a la casa para darle el pésame por la muerte de su esposa puesto que se cumplía un año del fallecimiento y aún no había tenido ocasión de visitar al maestro.

Después de esto Melvin ya sabía a ciencia cierta quién era el asesino. Ahora solo necesitaba reunirlos a todos en el salón para aclarar el caso.

Con todos reunidos comenzó la explicación. Melvin cogió un papel y dibujó un rectángulo que se asemejaba al armario, trazó los cuadrados de las puertas, parecidos a un cubo de Rubik, y dibujó en cada cuadrado el corte correspondiente. Luego cortó los cuadrados, se apoyó en una mesa y los juntó con orden distinto a como los había diseñado. Cuando terminó, se podía leer la palabra «viento». Melvin solicitó a los policías que sacasen los cuadrados del armario y los colocasen de la misma forma, y en el armario también se podía leer «viento».

Entonces Melvin lo explicó. En la cultura griega había una diosa llamada Éufrates, la diosa del viento. Esto le permitió llegar a la conclusión de que el mensaje póstumo lo había hecho el profesor mientras se moría. El asesino, al darse cuenta se había puesto a cortar el armario para disimularlo, pero no había conseguido despistar al gran Melvin.

Si os preguntáis los motivos de Éufrates, ella misma los confesó entonces. Había sido novia del profesor, pero al darse cuenta de que este siempre preferiría a su mujer, decidió matarlo para que se fuese con su esposa el mismo día en que ella había muerto un año antes.

Covadonga Iglesias García, 1º ESO D






martes, 2 de febrero de 2016

Aquella niña con flequillo y coletas

Días atrás subrayamos que uno de nuestros objetivos en este curso es introducir en el blog, de forma activa, al alumnado de La Ería. Ya contamos con ilustres colaboradores fijos, Javier Pañeda y Sara García, con sus recomendaciones de literatura juvenil. Hoy nos cabe el orgullo de incorporar a una gran lectora que además escribe y -por si fuera poco- ilustra de forma asombrosa. Se trata de Alba Gallo Tejón, de 1º ESO C, nuestra ganadora del concurso de marcapáginas.

Su primer «regalo» para el blog es «Aquella niña con flequillo y coletas» un breve pero intenso y sensible relato. ¡Enhorabuena Alba!